Archive for Abril, 2011

Sumergido en la vida universitaria

Martes, Abril 26th, 2011

CARTA DESDE OAK RIDGE (EEUU)

Benjamí Carreras

De nuevo me encuentro sumergido en la vida universitaria en donde las conversaciones giran siempre alrededor de los nuevos cambios de planes en educación, la preparación de los alumnos, su interés y múltiples temas similares.

En todos los países parece que hay una constante preocupación por a enseñanza que lleva a un continuo proceso de cambios. Pero a la vez hay una continua sensación de que las medidas tomadas no nos llevan a las metas deseadas.

En Estados Unidos esta preocupación durante un tiempo se centró en la preparación de los estudiantes que en competiciones internacionales se situaban muy por debajo de los países que producen los mejores resultas. Para crear un estímulo en Educación se lanzaron en todos los Estados pruebas para medir los logros de los estudiantes y a la vez “medir” la calidad del colegio.

En Tennessee, los estudiantes de tercero a octavo grado tiene que pasar esta semana el TCAP, la prueba estandarizada  que mide las habilidades en Lectura, Lengua, Matemáticas, Ciencias y Estudios Sociales. Mis tres nietos van ahora a pasar por esta  prueba.

En principio parece algo bueno y que por su carácter  genérico seria un buen baremo para medir la efectividad de las escuelas. Pero como pasa con frecuencia, la medida se confunde con el objetivo a medir. El sistema reacciona adaptándose a la prueba, no a la intención del que la hace. Así que una buena sección de estas semanas se dedica a ver “cómo se pasa el TCAP” en vez de a la educación de los niños.

Igualmente, la mejora en los medios usados en la enseñanza puede tener sus efectos negativos. Por ejemplo el uso de los ordenadores. Los ordenadores son un instrumento maravilloso si se usa como se debe, pero pueden causar enorme mal en caso contrario. Yo no soy anti-ordenador sino todo lo contrario. En mi casa tengo siempre al menos tres ordenadores funcionando de continuo. Son mis instrumentos básicos de trabajo.

En las escuelas, se desarrolló la idea de que los estudiantes hicieran “investigación”. En principio, eso podría ser muy interesante, pero el problema está en lo que se ha transformado esa idea en muchos casos. A menudo se reduce a una búsqueda en Google seguido de copiar y pegar. Se escriben unos temas preciosos con abundancia de gráficos, pero el niño no ha aprendido nada. Ya no usa sus palabras para describir lo aprendido, y peor aun, el niño se cree que ha hecho algo serio y que “copiar y pegar” es un método de hacer investigación.

El objetivo de la formación debería ser el crear la capacidad de conseguir información, saberla analizar críticamente, y desarrollar la forma propia de pensar. Todos los objetivos secundarios,  medidas poco acertadas, e instrumentos mal usados nos desvían de ese fin primordial y nos mantienen en círculos viciosos alejándonos de lo que debería ser el objetivo primordial de la enseñanza, enseñar a los niños a pensar.

¿Eres del Real Madrid o del barça?

Lunes, Abril 25th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV ISRAEL

Javier García de Viedma

Probablemente el tema relacionado con España que más apasiona a los israelíes es el fútbol. No he conocido ningún país en el que la gente de la calle esté más al día de lo que ocurre en nuestra Liga y sobre todo, se identifique tanto con nuestros equipos. Uno va a un restaurante, toma un taxi o entra a comprar en una tienda y en cuanto el camarero, el taxista o el dependiente de la tienda detectan que es español, la interpelación le cae casi automáticamente: “¿eres del Barcelona o del Real Madrid?”. La pregunta incomoda a los españoles que no sienten simpatía por ninguno de los dos equipos, pero exige respuesta y, sea la que sea, consigue milagrosamente romper el hielo y atraer la simpatía del interlocutor.

En Israel se sigue la Liga española con auténtica pasión. Cualquier suscriptor de la televisión por cable o por satélite tiene incluida en el paquete básico la retransmisión de los partidos más importantes de la Liga cada fin de semana. Por descontado, todas las citas internacionales del Barça y del Real Madrid se pueden ver sin problemas y cuando el encuentro es muy importante, incluso lo transmiten los canales israelíes en abierto. Los fines de semana, los bares con grandes pantallas de televisión se llenan de clientes ávidos por jalear a uno de sus dos equipos españoles, porque para el israelí medio España se divide básicamente en dos tribus: la del Real Madrid y la del Barcelona.

La cosa, sin embargo, no se limita al seguimiento de los partidos. Hay verdadera devoción, a veces rayana en el fanatismo. Por la calle uno ve mucha gente luciendo orgullosa la camiseta de un jugador de uno u otro equipo. Los niños reciben como regalo más preciado durante las fiestas judías el uniforme de su equipo favorito y no se lo quitan ni para acostarse. Hasta el más humilde trabajador conoce las alineaciones y puede pasarse horas discutiendo cuál de los dos equipos es el mejor. El fervor es de tal calibre, que no es extraño que en las tiendas de souvenirs turísticos de cualquier índole, junto con las postales de Jerusalén, las kippas de todos los colores, el agua del Jordán y los rosarios bendecidos, se encuentren a la venta banderas del Barça o del Real Madrid, para solaz de los visitantes. Al ver esto uno piensa: “¿Quién puede querer comprar estas banderas durante una visita de unos días a Israel?”. Pero el caso es que se venden.

Para ser fieles a la verdad hay que decir que se nota una mayoría de seguidores del Barça, quizá por la gran simpatía que los israelíes sienten hacia Barcelona, una ciudad que les apasiona y a la que viajan constantemente. Dicen que les recuerda a Tel Aviv, por el mar, la vida nocturna y el carácter mediterráneo de su gente. Pero también contribuye a ello el impresionante palmarés del equipo catalán en estos últimos años. Como en toda bipolaridad ideológica, la del fútbol tiene además de los férreos incondicionales, una masa indefinida de dudosos (los de no sabe/no contesta de las encuestas) el llamado “voto flotante” que al final es el que da la mayoría y que suele inclinarse por el equipo que más títulos gana.

La capacidad de arrastre de los dos clubes es tal, que ha habido ya varias iniciativas de la que podríamos llamar “diplomacia futbolística”. Quizá la más bonita es una que trata de traer a varios jugadores de los dos equipos para hacerlos jugar mezclados entre muchachos israelíes y palestinos, como homenaje a esa paz que no termina de llegar. La fascinación de los chavales por sus ídolos puede más que los odios ancestrales y están dispuestos a dejar de lado viejos rencores para dirimir sus diferencias pacíficamente en el campo de juego.

¿Quién dijo que el fútbol era un frivolidad?

Pésaj

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV ISRAEL

Javier García de Viedma

Pésaj es el nombre en hebreo de la Pascua. Significa saltar o pasar de largo y conmemora que el ángel exterminador pasara de largo por las casas de los israelitas marcadas con sangre de res joven, cuando atacó a los egipcios y su posterior salida de Egipto. Es una fiesta de liberación, porque con su huida, los judíos dejaron de ser esclavos y emprendieron su éxodo, el largo camino de cuarenta años que les llevaría a la tierra prometida.

La semana que viene empieza la Pascua judía. Coincide con nuestra Semana Santa, pero se trata de una celebración bien distinta. Comienza al atardecer del lunes 18 y termina el 25 de abril. Durante los días previos se realizan diversos ritos, el más señalado el de la retirada de todos los productos que contienen levadura. Por ello, a la Pascua se la conoce como la fiesta de los ácimos, es decir, de los alimentos sin levadura. Esta operación se realiza a nivel nacional y tanto los supermercados, como los hoteles, los restaurantes, colegios y casas particulares se deshacen de pan, cerveza, bollería. Una vez reunidos todos los alimentos con levadura se queman en la víspera del comienzo de la fiesta o bien se venden a los gentiles. Durante siete días solo se puede comer pan sin levadura, el matzá o pan de ázimos del que habla la Biblia. La razón de esta curiosa costumbre tiene su origen, una vez más, en la historia de los judíos, pues al huir de Egipto a toda prisa no tuvieron tiempo de que fermentara la masa, por lo que se vieron obligados a cocinar el pan sin dicho ingrediente.

En la noche en la que empieza la Pascua se celebra la cena de Séder. Es una cena muy especial en la que hay obligación de beber cuatro copas de vino y se come en la keará, o fuente pascual. Las cuatro copas de vino representan las cuatro promesas de liberación de Dios al pueblo judío (la Creación, las diez plagas de Egipto, la redención de la esclavitud del pueblo hebreo y la de hallel, o de adoración). En algunas casas se sirve una quinta copa, la copa de Elías. Los que así hacen esperan que el profeta Elías regrese ese día y anuncie la llegada del Mesías. Al terminar la cena se manda a un niño a abrir la puerta y ver si está Elías. Como no suele estar, se derrama el vino de la copa sin que nadie lo beba.

La keará contiene cinco ingredientes, cuatro de ellos en cada esquina del plato (una pata de pollo, un huevo, un poco de pasta de manzana con nueces y apio) y en el centro hierbas amargas. Cada ingrediente es un símbolo relacionado con la conmemoración pascual. Así, por ejemplo, el huevo se identifica con la dureza de corazón del faraón y las hierbas, la amarga travesía por el desierto. La Última Cena de Cristo fue, de hecho, una cena de Séder en la que compartió el matzá con sus discípulos.

Como es frecuente en las fiestas judías, en Pésaj todo tiene un significado preciso en torno a varios temas centrales: la historia milenaria de Israel, las leyes religiosas producto del pacto de Dios con su pueblo y el alimento. Tres facetas de la identidad: historia, religión y gastronomía. La Pascua es una conmemoración en la que los judíos recuerdan quienes son, de dónde vienen y cuál es su misión en el mundo. Y para no olvidarlo, los abuelos cuentan a los padres su historia y los padres a sus hijos y estos a sus hijos y a los hijos de sus hijos y así sucesivamente, desde hace ya treinta y cuatro siglos.

Hoy mi historia de Pésaj es la suya y quería compartirla con ustedes.

 

Colonoscopia de ánimo

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE OAK RIDGE (EEUU)

Benjamín Carreras

A finales de los años 60 y principios de los 70, en Madrid, donde residía yo en aquellos tiempos, las manifestaciones de carácter político eran frecuentes, frecuentes si comparábamos con la década previa. Amnistía y la libertad de los presos políticos eran los motivos más corrientes. Todas ellas solían acabar de la misma forma, unas carreras, unos golpes de porra y con algunos participantes y algún distraído espectador pasando unas horas o días en los calabozos de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol. Al ingresar, una de las primeras cosas a hacer era dejar el cinturón y los cordones de los zapatos en la ¨recepción¨. Era por nuestra protección nos decían, pero de puertas para fuera, lo que se decía era que el hecho de ir andando sujetándose los pantalones con la mano izquierda y arrastrando los pies te daba una sensación de humillación que predisponía a confesar cualquier cosa.

En eso iba yo pensando mientras me sujetaba los pantalones con la mano izquierda y arrastraba los pies en el aeropuerto. Acababa de dejar el cinturón, los zapatos, el reloj, las lapiceras, el teléfono, el ordenador, la chaqueta y la mochila al oficial del TSA, la agencia encargada de nuestra protección aérea. Esta ceremonia es habitual, ya la he hecho tantas veces que casi ni lo noto. Pero claro siempre hay sorpresas. En este caso fue el pasar por una cámara en donde electrónicamente te desnudan y te sacan una foto. Esto no se les ocurrió hacerlo a nuestros funcionarios de la brigada social.

Naturalmente el gobierno garantiza la privacidad del acto. Estando familiarizado a la forma en que el gobierno USA guarda sus secretos, espero que mi foto aparezca en cualquier momento en el Facebook.

Después de esa colonoscopia del ánimo y habiendo recogido todos mis efectos personales, o al menos eso espero,  fui a sentarme en espera del avión que me iba a llevar a Barcelona para empezar mi ciclo de trabajo de primavera en España.

Allí sentado recordé una entrevista que me hizo hace ya años el diario Menorca y en la que de pasada mencioné que en cualquier momento iríamos desnudos en el avión. Frase que usó el editor como título de la entrevista. Entonces fui tildado por algunos de exagerado, virtud que si tengo y es heredada. Pero después de esa experiencia ya no me parece una exageración, ya vamos electrónicamente desnudos en el avión. ¿Por qué nos querrán proteger tanto?

El Shabbat

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV (ISRAEL)

Javier García de Viedma

Todo el mundo sabe que el sábado es el día sagrado de los judíos, como el domingo es el de los cristianos y el viernes el de los musulmanes. Su origen es común: para las tres grandes religiones monoteístas Dios creó el mundo en seis días y después descansó. En el libro del Éxodo se establece el sábado como día sagrado. El séptimo día debe ser consagrado a Dios y dedicarse al descanso. Es un precepto religioso y a la vez social. 

Los judíos más ortodoxos respetan el precepto de manera estricta y desde la puesta de sol del viernes hasta que sean visibles tres estrellas en la noche del sábado cumplen con las 37 prohibiciones del Talmud, que fueron establecidas poco antes de la aparición del cristianismo, hace ya más de dos mil años. Las prohibiciones van desde la abstención radical del trabajo hasta no operar ninguna maquinaria, ya sea un teléfono, un mando a distancia o un ascensor.  Tampoco se puede cocinar. Esto crea situaciones un poco complicadas, a veces casi cómicas. Una vecina llamó a gritos a mi mujer una noche del viernes para que le encendiera el aparato para calentar biberones para su bebé. Otras veces nos ha pedido que le encendiésemos el aire acondicionado. En los barrios más religiosos realizar actividades prohibidas en sábado, aun por los no judíos, está muy mal visto y uno se arriesga a que le increpen, le insulten o incluso a que le lancen algún objeto si pasea en bicicleta, por ejemplo, en determinadas áreas de Jerusalén. 

Esto puede parecer anticuado y opresivo, aunque tiene sus consecuencias, no siempre negativas. Por un lado, ha permitido el desarrollo de toda una tecnología sabática, que permite que los ascensores suban y bajen sin necesidad de apretar botones, deteniéndose en todos los pisos; o que haya suites de hotel en las que a golpe de palmas se enciendan las luces o la televisión; o unos curiosos hornos que mantienen la comida caliente durante horas sin recocinarla ni quemarla. También ha generado empleos nuevos, como el de los gentiles que cobran por hacer trabajos prohibidos a los judíos. Son los Shabbos goyim (gentiles sabatinos) que pasean perros, lavan platos o barren suelos en las casas judías a cambio de un sueldo.

El sábado comienza con el encendido de las velas, que se hace una hora antes de la puesta de sol y normalmente por mujeres. Sigue el Kiddush, la primera de una serie de oraciones de santificación a lo largo del día, que se recita sobre el vino y asimismo, se bendicen las especias (clavo y canela, normalmente). El día termina con la Havdalá, una pequeña ceremonia que marca el final de la jornada de descanso y el comienzo de la nueva semana. 

Una de las cosas más bonitas del Shabbat es que las familias se reúnen a comer juntas, los padres pasan el día con sus hijos y los más ajetreados encuentran ocasión para desconectarse de todo durante un día. Esto produce uno de los frutos más preciados del día santo: el silencio. Casi todo se para. Pasan pocos coches, no hay autobuses ni trenes, apenas cruzan aviones por el cielo. De las casas no salen ruidos estridentes y parece que todo descansa. De pronto, uno descubre que había pájaros en los árboles y a lo lejos, el rumor del mar. Transmite una paz y un bienestar que no tiene precio en estos tiempos ajetreados en los que vivimos. Creo que el silencio del Shabbat es de las cosas que más recordaré y echaré de menos cuando deje de vivir en Israel.

Fa solet a Brooklyn

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DES DE BROOKLYN (ESTATS UNITS)

Salas Sánchez Bennasar

A la fi, sembla que la primavera ha arribat a Brooklyn: fa solet i no fa fred. Fins fa dos dies, però, feia màximes de 5ºC i plovia aigua gelada. Ha estat un hivern molt llarg. Els hiverns són potents en aquesta ciutat, que ja és dura de per si. Hi ha neu als carrers, des de finals de desembre fins a mitjans març. Al principi, després d’una nevada, és molt polit, tot és blanc, tot està cobert. Però la neu es va tornant negra i pastosa així com passen els dies. Si s’eleva un poc la temperatura, diguem de -3ºC a 3ºC, tot són basses de neu bruta i fosa. I és una ciutat enorme, per tant, per a gent que viu als barris menys cèntrics – que són, clar, els més barats-, la vida de barri és limitada: la feina, els amics, el cinema, el gimnàs, les tendes…. Tot normalment requereix metro i una mitjana de 40 minuts de trànsit. Tota una aventura.

Així que quan arriba el solet i un temps més agradós, s’agraeix moltíssim: tot és més fàcil. Els neoiorquins canvien quan arriba el bon temps, tothom ho nota, tothom ho diu. La gent somriu més, està més simpàtica, més oberta, tothom coqueteja. Nova York és una ciutat molt jove, la major part de gent que es veu pel carrer tenen menys de 45 anys. I quan ajuntes uns quants milions de joves a una ciutat on hi ha de tot, els hi dones doblers i ganes i afegeixes els carrers, els parcs, les terrasses dels bars, restaurants i museus, i quilòmetres de platja accessibles en metro, tens una ciutat que bull. I és curiós com es nota només de passejar pel carrer. 

Un dels canvis visibles, a part del vestuari del personal, és que de cop i volta hi ha el doble de bicis pel carrer que a l’hivern (hi ha gent molt valenta que va en bici tot l’any, però són pocs). Nova York és bastant pla i, per anar d’un barri a un altre o per dins del barri, la bicicleta és un mitjà de transport ideal, sobretot a Brooklyn, que hi ha menys cotxes. Hi ha carrils bici, encara que són pocs els carrers que en tenen. I quan l’Ajuntament en posa de nous, sempre hi ha concentracions de gent que estan en contra: diuen que treuen espai per als cotxes i que no hi ha prou ciclistes que els emprin; són, diuen, un “waste of space”, un desaprofitament d’espai. A més, fa unes setmanes que la policia ha començat a multar ciclistes. És costum que quan un va en bici no s’atura als semàfors (es fa un “ceda el paso” i es continua si no ve ningú) i, si fa falta, es va en contra direcció o per damunt de les voreres. Però aquest any val més no fer-ho. Les multes es multipliquen: més de $100 per fer aquestes coses. Fins i tot han multat ciclistes que anaven a massa velocitat per dins de Central Park. Aquests canvis potser faran canviar l’opinió un tant negativa que dels ciclistes en tenen els conductors. Ara per ara, el sentiment principal cap als ciclistes no és precisament d’amor. En conclusió, aquesta primavera tothom està especialment content, perquè ha estat un hivern molt llarg i fred a Nova York. Potser els ciclistes haurem de controlar un poc més, però, de totes maneres, benvingut sigui el bon temps.

El marmitako y el conflicto de Oriente Medio

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV (ISRAEL)

Javier García de Viedma

Dicen que la marmita de bonito (el famoso “marmitako” vasco) nació en los barcos atuneros del Cantábrico. Los pescadores, después de largas jornadas de mar sin comer otra cosa que pescado, lo inventaron por el revolucionario procedimiento de hacer un guiso típico de la tierra que llevaban meses sin pisar, pero poniendo bonito en lugar de carne. Y así vio la luz esa delicia gastronómica.

Me precio de hacer una marmita bastante razonable. No digo excelsa, pero sí sabrosa, digna y creíble, lo que no es siempre fácil en lugares remotos, por la falta de ingredientes. He guisado marmitakos en tres continentes y siempre han resultado un éxito. 

Gentes en lugares tan distintos como Kuwait, Chile, Nueva York, Perú o Pakistán han sumergido sus cucharas en mi marmita con resultados indiscutibles: aroma intenso, reminiscencias de hogar, armonía interior traducida en relajamiento general y exaltación de la amistad por encima de diferencias culturales. La marmita, si está bien hecha, es un plato de paz. Indiscutiblemente.

Desde que llegué a Israel planeo hacer amigos con el guiso mágico y por ello invité hace casi un mes a varios españoles e israelíes, en su mayoría periodistas, a cenar a casa. El primer intento fracasó por culpa de las revueltas de Egipto. Todos llamaron para disculparse porque tenían que viajar precipitadamente a los países vecinos para cubrir los acontecimientos. Me resigné, se lo comenté a mi mujer y congelamos con pena el bonito que habíamos comprado en Jaffa, una bella ciudad árabe junto a Tel Aviv en la que se encuentra el mejor pescado fresco. A la semana siguiente, volví a llamar a los invitados, con la esperanza de celebrar ese viernes lo que no pudimos hacer el anterior. Todos asintieron, siempre que estuviesen de vuelta en el país, claro. Lamentablemente, ninguno ha vuelto y ya voy por el tercer intento. Ahora es por lo que está pasando en Libia. Uno nunca imagina cómo el conflicto de Oriente Medio, las revueltas en el mundo árabe o Ghadafi pueden llegar a fastidiarle algo tan importante como un marmitako. Es una de las cosas más reprobables de las guerras: privan de comida a los seres humanos y separan a los amigos.

Entretanto, mientras espero a que mis invitados me llamen para decirme si van a poder venir o no, me ha dado por pensar en este guiso maravilloso y su extraña relación con el conflicto de Oriente Medio y las revueltas del mundo árabe. El marmitako nace de la necesidad, no ve la luz en los palacios, sino en las toscas cocinas y las rudas manos de los pescadores, hartos de comer siempre lo mismo. Al romper con la rutina, sus inventores transgredieron una forma de pensar a la que estaban acostumbrados y lograron conciliar lo que parecía irreconciliable: la tierra y el mar. ¿Por qué no se puede hacer un estofado con bonito? ¿Por qué no pueden ser amigos la patata y la cebolla, que crecen enterradas en la tierra con el atún que vive sumergido en el mar? ¿Qué o quién impide que el bonito del frío norte y la patata de tierras húmedas se reúnan con el tomate y el pimiento, verduras aéreas de latitudes meridionales? 

Además de ser un encuentro de ingredientes tan diversos, el marmitako respeta todas las normas alimenticias de las tres grandes religiones, pues es kosher para los judíos (dado que no contiene marisco, pero sí pescado con escamas), es también halal para los musulmanes (no lleva cerdo o sus derivados ni alcohol) y para colmo de bienes puede comerse el viernes de la cuaresma cristiana. Aleluya. El marmitako reúne muchas de las claves para la resolución del conflicto. Es un símbolo de la superación de las diferencias: el mar y la tierra, el norte y el sur, la carne y el pescado, las tres religiones. Todo confluye en la marmita. Es el plato con el que debería celebrarse la ceremonia de firma del acuerdo de paz de Oriente Medio, que tanto ansiamos.

El Serrat israelí

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV (ISRAEL)

Javier García de Viedma

David Broza es todo un personaje en Israel. Uno camina con él por la calle y la gente le para y le pide autógrafos o hacerse fotografías a su lado. Nacido en Haifa, una ciudad portuaria al norte de Israel, es hijo de un hombre de negocios británico-israelí y ha vivido en España, Estados Unidos y en Israel. David es, sobre todo, mediterráneo. Hasta la médula. 

La relación de Broza con nuestro país es muy especial. Pasó su adolescencia en Madrid, hasta mediados de los años 70, donde quiso ser pintor y llegó a vender cuadros en el Rastro. Su vocación de músico despertó más tarde, pero nunca ha olvidado su vínculo con España. Cuando regresó, en los 90, se reencontró con la que considera su segunda patria y entre otras cosas, buscó sus orígenes en el pueblo extremeño de Brozas, que inspiró su canción “Estuve aquí”. Tiene varios discos cantados íntegramente en español, lengua que habla prácticamente como un madrileño y pocos han hecho tanto por dar a conocer nuestra cultura en Israel. 

Sus canciones son raciales, apasionadas, vitales, pero también llenas de poesía y ternura. Broza busca inspiración en la literatura y ha musicado a muchos poetas. Él dice que lee pensando en música y así bucea en las bibliotecas, buscando palabras con las que vestir sus canciones. De este modo, ha hecho famosas en Israel canciones de Serrat como “Tío Alberto” o “La mujer que yo quiero”. Ha cantado en hebreo canciones de Manzanita, Paco Ibáñez y muchos otros. Su versión de “Ramito de violetas”, de Cecilia es legendaria entre el público, que la corea hasta desgañitarse en sus conciertos. También ha traducido poemas de García Lorca y de Goytisolo al hebreo y les ha puesto música. Y lo mismo ha hecho con vates en lengua inglesa y con los mejores líricos israelíes. Por supuesto, también compone sus propias canciones, que canta en español, en inglés y en hebreo. Muchos recordarán su canción “Raquel”, de la serie televisiva “Raquel busca su sitio”, que protagonizaba Leonor Waltling. 

Pero David Broza es mucho más que todo eso. Es nieto de Wellesley Aron, un oficial británico judío, íntegro y visionario, que estuvo entre los fundadores de un asentamiento en Israel donde convivían cristianos, musulmanes y judíos llamado Neve Shalom (“el oasis de la paz”). Quizá por ello su compromiso con la causa de la paz le ha llevado promoverla activamente, a grabar un disco con el músico palestino Said Morad (“Entre dos mundos”) y ha sido nombrado embajador de buena voluntad de UNICEF, organización para la que compuso la canción conmemorativa de su 50º aniversario. 

Verle cantar es un espectáculo, a sus 55 años, despliega una energía enorme y contagiosa, rasga la guitarra con fuerza y tan pronto sale con un punteado flamenco como se marca una rumba salerosa que levanta al público de sus asientos. Esta semana tuve la suerte de poder hacerlo. Actuó acompañado por la orquesta andalusí de Israel y de un cantaor israelí. Su voz grave hizo de nuevo levantarse al público, la música dulzona de la magnífica orquesta y los lamentos desgarrados del cantaor pusieron el resto a una tarde memorable en la que, a ratos, se evocaba Estambul, o las abigarradas calles de zoco de Argel, o una tarde en el Albaicín. Mediterráneo. Puro Mediterráneo.

El problema no es vender sino cómo se vende

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE OAK RIDGE (ESTADOS UNIDOS)

Benjamín Carreras

La atención al cliente siempre ha sido una de las características del comercio en Estados Unidos. Tiendas abiertas 24 horas los siete días de la semana abundan. Los dependientes son amables e intentan ayudar. Es una tradición bien establecida en este país.

El gran incremento en sistemas de comunicación y la capacidad de automatización por ordenadores en los últimos veinte años inició un cambio en el servicio al cliente. Los teléfonos empezaron a no ser respondidos por seres humanos. Instrucciones complicadas de marcar diferentes números dependiendo de lo que el cliente pedía. Teléfonos de información que eran respondidos desde la India u otro país donde el servicio se subcontrataba. Todos esos cambios dieron un giro a peor para el cliente.

El supermercado local abierto 24 horas

 

En Estados Unidos ahora estamos viviendo otro cambio. La necesidad de atraer clientes, especialmente después de la crisis, hace que muchas compañías reconsideren esas prácticas. La idea que empieza a tomar forma es que lo importante no es lo que uno vende sino como lo vende. La atención al cliente es lo primordial, por tanto hay que dar un cambio total.

Respondiendo al teléfono hay que tener gente amable que esté dispuesta a dialogar sobre lo que sea con el cliente. Los servicios de comunicación tienen que ser rápidos, no valen esperas con musiquilla. La mercancía tiene que ser enviada lo más rápidamente posible y si el cliente no esta satisfecho se devuelve el dinero sin pedir explicaciones.

Esta forma de actuar atrae clientela. La compañía puede cortar gastos en anuncios y dejar que los mismos clientes hagan la propaganda. Pero el personal tiene que ser cuidadosamente seleccionado. No valen personas de malhumor. Todo el ambiente de la compañía tiene que tener esa atmósfera de amabilidad y satisfacción. Este ambiente tiene que ser real. Para conseguir ese ambiente hace falta un cambio de cultura en los negocios y eso no es fácil.

Todos hemos experimentado el hecho de entrar en una tienda y encontrar un par de dependientes hablando de sus cosas y que no te hacen apenas caso. La reacción en mi caso es salir e ir a otra tienda. Creo que podemos entender fácilmente el potencial de la nueva filosofía.

Parece que compañías que han puesto en practica esa filosofía están teniendo mucho éxito. La compañía Zappos en el estado de Nevada es el máximo exponente de este nuevo enfoque. El servicio al cliente abierto día y noche, los envíos y devoluciones son gratis y el cliente tiene hasta 365 días para devolver la mercancía. La compañía pasó en diez años de tener cero ganancias a estar valorada en 1’2 billones de dólares. Es una de las compañías más estudiadas en los últimos años y es todo un modelo de cómo montar un negocio. Un nuevo camino, basado en ideas simples y siempre válidas, que puede ayudar a muchos comercios a salir de la crisis presente.

El último hombre de Masada

Miércoles, Abril 20th, 2011

CARTA DESDE TEL AVIV (ISRAEL)

Javier García de Viedma

Masada es una mole gigantesca, una montaña truncada que alberga en su cima una enorme meseta donde Herodes el Grande hizo construir una fortaleza y un  palacio de invierno en el que sus huéspedes podían disfrutar de unas impresionantes vistas. Situada en la desértica depresión del río Jordán, el punto más bajo del planeta, a 400 metros bajo el nivel del mar, está flanqueada de montañas de formas caprichosas, producto de la erosión. Frente a ella, el célebre Mar Muerto, de un azul casi irreal, cuyas aguas son tan saladas que impiden cualquier forma de vida y hacen flotar de modo inverosímil a los turistas embadurnados con sus barros salutíferos.

Aquí sucedió algo extraordinario en el año 73 de nuestra era. Jerusalén acababa de ser destruida tres años antes, tras las revueltas judías que habían comenzado tiempo atrás, dando así comienzo a una de las grandes tragedias del pueblo judío, que tanto ha marcado su carácter y su historia: la diáspora. Un grupo de sicarios, el sector más violento de los zelotes (una secta integrista judía) se apoderó de la fortaleza, quizá con la esperanza de que volviese a prender la rebelión y recuperar Jerusalén.

Roma no podía tolerar el desafío y desplegó su poder: 15.000 hombres pertenecientes a la Xª Legión, al mando del gobernador de Judea, Lucio Flavio Silva, sitiaron la fortaleza natural con un muro de 3 kilómetros y 8 campamentos. Dentro, unos 900 judíos, entre los que había mujeres y niños, se prepararon para resistir, gracias a una magnífica red canales y aljibes recolectores de lluvia y grandes almacenes de comida. La montaña parecía inexpugnable, pues solamente se podía acceder a ella por un sinuoso y estrecho camino horadado en la pared, el “camino de la serpiente”, imposible para un asalto.  

Ante esta situación, los romanos optaron por una solución portentosa: construirían una monumental rampa. Utilizando miles de toneladas de piedra y tierra, alzaron, en tan solo 3 meses, un terraplén de más de 100 metros de altura que coronaron con una torre de asedio de 30 metros, provista de un ariete con el que derribaron la primera muralla, pero no la segunda, hecha de madera y piedras, así que lanzaron antorchas y la incendiaron, abriendo la brecha por la que acometerían el asalto.

En el interior, los sitiados comprendieron que su final llegaría al amanecer y tomaron una decisión drástica: se matarían antes de ser capturados. Como el judaísmo prohíbe el suicidio, cada hombre asesinó a su familia y entre los sobrevivientes eligieron a diez sicarios para que hicieran de verdugos de los demás. Finalmente, echaron a suertes cuál sería el que matase a los nueve restantes, siendo este último el único que tendría que quitarse la vida. 

Vista aérea de Masada. A la derecha, la rampa construida por los romanos

Al entrar los soldados romanos, encontraron un paisaje desolador de cadáveres y silencio. Las construcciones habían sido quemadas por los sitiados, excepto los almacenes de comida, con abundantes víveres aún tras 7 meses de asedio, a fin de dar testimonio de que no se habían inmolado por necesidad, sino para no ser conquistados y esclavizados. 

Con este episodio terminaba definitivamente la primera guerra judeo-romana y se perdía toda esperanza de recuperar Jerusalén para los judíos. El último hombre de Masada no podía imaginar que quedaban aún 1.875 años para que su pueblo regresara a la Tierra Prometida.