El Serrat israelí

CARTA DESDE TEL AVIV (ISRAEL)

Javier García de Viedma

David Broza es todo un personaje en Israel. Uno camina con él por la calle y la gente le para y le pide autógrafos o hacerse fotografías a su lado. Nacido en Haifa, una ciudad portuaria al norte de Israel, es hijo de un hombre de negocios británico-israelí y ha vivido en España, Estados Unidos y en Israel. David es, sobre todo, mediterráneo. Hasta la médula. 

La relación de Broza con nuestro país es muy especial. Pasó su adolescencia en Madrid, hasta mediados de los años 70, donde quiso ser pintor y llegó a vender cuadros en el Rastro. Su vocación de músico despertó más tarde, pero nunca ha olvidado su vínculo con España. Cuando regresó, en los 90, se reencontró con la que considera su segunda patria y entre otras cosas, buscó sus orígenes en el pueblo extremeño de Brozas, que inspiró su canción “Estuve aquí”. Tiene varios discos cantados íntegramente en español, lengua que habla prácticamente como un madrileño y pocos han hecho tanto por dar a conocer nuestra cultura en Israel. 

Sus canciones son raciales, apasionadas, vitales, pero también llenas de poesía y ternura. Broza busca inspiración en la literatura y ha musicado a muchos poetas. Él dice que lee pensando en música y así bucea en las bibliotecas, buscando palabras con las que vestir sus canciones. De este modo, ha hecho famosas en Israel canciones de Serrat como “Tío Alberto” o “La mujer que yo quiero”. Ha cantado en hebreo canciones de Manzanita, Paco Ibáñez y muchos otros. Su versión de “Ramito de violetas”, de Cecilia es legendaria entre el público, que la corea hasta desgañitarse en sus conciertos. También ha traducido poemas de García Lorca y de Goytisolo al hebreo y les ha puesto música. Y lo mismo ha hecho con vates en lengua inglesa y con los mejores líricos israelíes. Por supuesto, también compone sus propias canciones, que canta en español, en inglés y en hebreo. Muchos recordarán su canción “Raquel”, de la serie televisiva “Raquel busca su sitio”, que protagonizaba Leonor Waltling. 

Pero David Broza es mucho más que todo eso. Es nieto de Wellesley Aron, un oficial británico judío, íntegro y visionario, que estuvo entre los fundadores de un asentamiento en Israel donde convivían cristianos, musulmanes y judíos llamado Neve Shalom (“el oasis de la paz”). Quizá por ello su compromiso con la causa de la paz le ha llevado promoverla activamente, a grabar un disco con el músico palestino Said Morad (“Entre dos mundos”) y ha sido nombrado embajador de buena voluntad de UNICEF, organización para la que compuso la canción conmemorativa de su 50º aniversario. 

Verle cantar es un espectáculo, a sus 55 años, despliega una energía enorme y contagiosa, rasga la guitarra con fuerza y tan pronto sale con un punteado flamenco como se marca una rumba salerosa que levanta al público de sus asientos. Esta semana tuve la suerte de poder hacerlo. Actuó acompañado por la orquesta andalusí de Israel y de un cantaor israelí. Su voz grave hizo de nuevo levantarse al público, la música dulzona de la magnífica orquesta y los lamentos desgarrados del cantaor pusieron el resto a una tarde memorable en la que, a ratos, se evocaba Estambul, o las abigarradas calles de zoco de Argel, o una tarde en el Albaicín. Mediterráneo. Puro Mediterráneo.

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