Sumergido en la vida universitaria

CARTA DESDE OAK RIDGE (EEUU)

Benjamí Carreras

De nuevo me encuentro sumergido en la vida universitaria en donde las conversaciones giran siempre alrededor de los nuevos cambios de planes en educación, la preparación de los alumnos, su interés y múltiples temas similares.

En todos los países parece que hay una constante preocupación por a enseñanza que lleva a un continuo proceso de cambios. Pero a la vez hay una continua sensación de que las medidas tomadas no nos llevan a las metas deseadas.

En Estados Unidos esta preocupación durante un tiempo se centró en la preparación de los estudiantes que en competiciones internacionales se situaban muy por debajo de los países que producen los mejores resultas. Para crear un estímulo en Educación se lanzaron en todos los Estados pruebas para medir los logros de los estudiantes y a la vez “medir” la calidad del colegio.

En Tennessee, los estudiantes de tercero a octavo grado tiene que pasar esta semana el TCAP, la prueba estandarizada  que mide las habilidades en Lectura, Lengua, Matemáticas, Ciencias y Estudios Sociales. Mis tres nietos van ahora a pasar por esta  prueba.

En principio parece algo bueno y que por su carácter  genérico seria un buen baremo para medir la efectividad de las escuelas. Pero como pasa con frecuencia, la medida se confunde con el objetivo a medir. El sistema reacciona adaptándose a la prueba, no a la intención del que la hace. Así que una buena sección de estas semanas se dedica a ver “cómo se pasa el TCAP” en vez de a la educación de los niños.

Igualmente, la mejora en los medios usados en la enseñanza puede tener sus efectos negativos. Por ejemplo el uso de los ordenadores. Los ordenadores son un instrumento maravilloso si se usa como se debe, pero pueden causar enorme mal en caso contrario. Yo no soy anti-ordenador sino todo lo contrario. En mi casa tengo siempre al menos tres ordenadores funcionando de continuo. Son mis instrumentos básicos de trabajo.

En las escuelas, se desarrolló la idea de que los estudiantes hicieran “investigación”. En principio, eso podría ser muy interesante, pero el problema está en lo que se ha transformado esa idea en muchos casos. A menudo se reduce a una búsqueda en Google seguido de copiar y pegar. Se escriben unos temas preciosos con abundancia de gráficos, pero el niño no ha aprendido nada. Ya no usa sus palabras para describir lo aprendido, y peor aun, el niño se cree que ha hecho algo serio y que “copiar y pegar” es un método de hacer investigación.

El objetivo de la formación debería ser el crear la capacidad de conseguir información, saberla analizar críticamente, y desarrollar la forma propia de pensar. Todos los objetivos secundarios,  medidas poco acertadas, e instrumentos mal usados nos desvían de ese fin primordial y nos mantienen en círculos viciosos alejándonos de lo que debería ser el objetivo primordial de la enseñanza, enseñar a los niños a pensar.

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