Sr. Director

CARTA DES DE OAK RIDGE (TENESSE – EEUU)

Benjamín A. Carreras

Sr. Director, hoy mi carta no va a ser solo desde la lejanía espacial que me separa de Menorca, sino también de la lejanía temporal de las memorias y los recuerdos. Esta es una razón por el titulo escogido que además me corresponde bien por estar ya cerca del umbral de los 70. Pero la razón más importante para escoger ese título es que este era el título bajo el cual mi abuelo Andrés Avelino Verdaguer, con el seudónimo Mirlo,  contribuía  a ese mismo periódico hace algo más de medio siglo y a él voy a dedicar mi carta.

Mi abuelo era conocido en Menorca por su pintura y por su afición a la música. Como pintor hizo varias exposiciones en el Ateneo de Mahón. En el campo musical, él tocaba el violín y la viola, y durante años fue miembro del cuarteto de cuerda del mismo Ateneo. Pero por lo que no creo fuera conocido es por su afición a la fotografía.

Ahora con las tecnologías que tenemos a mano, todos podemos ser fotógrafos más o menos competentes. Pero a principio del siglo pasado, ser aficionado a la fotografía implicaba el tener un laboratorio de revelado, el pasear con incomodas cámaras, y el tener un conocimiento detallado del manejo de las mismas. No había nada automático y todo el sistema era a mano. Las fotografías las hacía sobre placas de cristal y tenían que hacerse una a una. Mi abuelo en particular se dedicaba a fotografía estereoscópica, o sea con doble objetivo y doble placa que luego permitía ver las fotografías en relieve.

Hace una decena de años mi hermana Mari Gracia me dio varios centenares de negativos de mi abuelo que ella había guardado. Con las tecnologías digitales existentes me lancé a digitalizar esas placas, muchas de ellas deterioradas por los años, y a limpiar y reconstruir estos centenares de fotos. Naturalmente había bastantes fotos de la familia, pero también había montones de fotos que daban testimonio de cómo era la isla en aquellos años y de algunos acontecimientos locales. Por su afición al mar, muchas se centraban alrededor del puerto de Mahón.

Niceto Alcalá Zamora en el balcón del Ayuntamiento de Mahón el 3 de abril de 1932 (foto de Andrés Avelino Verdaguer).

En este punto otro factor entró en el juego. Mi tío Alberto Verdaguer también contribuyó al diario “Menorca” con sus “Crónicas de Puerto Mahón”, esto me hace a mi tercera generación en el Diario. Leyendo algunas de sus crónicas, grande fue mi sorpresa cuando me llevaron a identificar muchas de las fotos y de los acontecimientos que mi abuelo había fotografiado. Así las descripciones de mi tío de buques que habían visitado el puerto coincidían con muchas de las fotos del abuelo. Pero además había en las Crónicas la descripción de algunas efemérides como la visita del rey Alfonso XIII, la visita del Káiser y la visita del primer Presidente de la segunda República Española a nuestra isla. Curiosamente tenía delante de mí una colección de fotografías que ilustraban perfectamente los detalles de estas crónicas.

El próximo 3 de abril se cumplen 80 años de la visita del Presidente Niceto Alcalá Zamora a Menorca. Su visita despertó el entusiasmo popular en Mahón. No venían con frecuencia a Menorca los jefes de estados y esta era la primera visita del primer mandatario de la recientemente estrenada República. En las fotos de mi abuelo, que cubren la llegada al puerto y varios momentos en la entonces plaza de la República y en el Ayuntamiento, se percibe el entusiasmo de la población. Una de las “Crónicas de Puerto Mahón” está dedicada a describir la visita. Allí se pueden encontrar muchos de sus detalles. Con motivo de este 80 aniversario y en honor a mi abuelo incluyo una de sus fotos de esta visita.  Entre las varias fotografías que él hizo de este acontecimiento, he escogido la que Alcalá  Zamora está en el balcón del Ayuntamiento de Mahón en compañía de Miss Unión, Miss Consey, Miss Unión Republicana, Miss Comercio, y Miss Orfeón. Ampliándola, la foto tiene suficiente resolución para apreciar la belleza de las misses y la satisfacción del Presidente por su compañía.

One Response to “Sr. Director”

  1. Estimado Benjamín,

    Disculpa que inicie la carta tuteándote, aunque no nos conozcamos personalmente. El caso es que estamos emparentados, como seguramente habrás deducido al ver mis apellidos. En efecto, soy hijo de Francisco, tu tío y padrino, y, por tanto, compartimos bisabuelos.

    No he podido resistir la tentación de escribir un comentario en tu blog, que acabo de descubrir y por el que te felicito efusivamente, precisamente mientras buscaba posibles muestras en la web de la obra pictórica de mi tío abuelo y abuelo tuyo Avelino Verdaguer.

    Una búsqueda derivada en parte de mi curiosidad por saber si tenía algún tipo de relación con ese otro gran pintor menorquín que es Joan Vives Llul (del que poseo dos obras heredadas de mi abuelo Miguel, hermano de Avelino) y en parte de mi visionado ayer en la Academia de Cine de Madrid de la película “La isla bonita” rodada en Menorca por Fernando Colomo y en la que ha colaborado como director de fotografía mi colega y amigo Alfonso Sanz, entre otras personas amigas.

    El caso es que he experimentado uno de mis esporádicos y agudos ataques de nostalgia de una Menorca que tengo íntimamente ligada a algunos de los momentos más felices de mi infancia y a la que tengo muy pocas ocasiones de ir.

    Entre estos recuerdos están las visitas que todos los veranos de los años 60 hacía con mi padre y con mi hermano a la casa de tus abuelos en Mahón para disfrutar de una deliciosa merienda a base de crespells y otras delicatessen preparadas por tu abuela Guideta y, dada mi temprana afición al dibujo, para visitar el estudio de tu abuelo donde tenía alguna de sus obras en pleno proceso de elaboración.

    Recuerdo especialmente una copia de un cuadro de Rubens, en el que había prescindido de reproducir los ‘angelotes’ para centrarse en las formas rotundas de las figuras femeninas, como nos explicaba con sonrisa socarrona. Son igualmente inolvidables mis visitas a la finca de Son Rotger, por la que correteábamos mi hermano y yo después también de merendar.

    El caso es que desconocía por completo el talento musical y fotográfico del que para mí era “el tío Avelino”, una información que ha hecho aumentar mi admiración y curiosidad por alguien por el que siempre sentí un gran aprecio. Te agradezco que te hayas tomado la molestia de hacerlo público.

    Y disculpa por esta larga entrada en la que me he dejado llevar impudorosamente por la tentación de la nostalgia de una isla a la que mi otro abuelo, malagueño, casado con una menorquina, llamaba “mi tacita de plata”.

    Un abrazo desde Madrid.

    Carlos Verdaguer

Leave a Reply