Rabia en la calle

CARTA DESDE BANGKOK, TAILANDIA

Francisco Caules

A las 5 de la mañana, aún negra noche, un Ferrari negro circula a una velocidad demencial por Sukhumvit una de las principales calles de Bangkok. Un sargento de la Policía está a punto de acabar su patrulla nocturna sobre su moto. El potente Ferrari choca con la motocicleta del policía.Éste, desnucado, fallece en el acto, su cuerpo arrastrado unos 70 metros. El vehículo del sargento es arrastrado por el Ferrari otros 200 metros. El conductor, sin pararse a prestar auxilio, acelera y entrando en el garage de su cercano domicilio esconde el Ferrari abollado por el terrible accidente

El inspector de policía de la cercana comisaría, un teniente coronel amigo de la familia, detiene a un empleado de la casa, acusándolo falsamente de ser el conductor del coche que ha causado el accidente mortal. El superior del inspector no acepta la culpabilidad del “cabeza de turco”. El inspector es destituido y se detiene al real conductor del Ferrari por homicidio y denegación de auxilio.

Cuando por fin el propietario y conductor del Ferrari comparece en la comisaría es su abogado el que habla. Justifica la huida del causante del atropello y muerte en un miedo insuperable y una ofuscación momentánea que le ha hecho ir a hablar con su papá y con su letrado. Este aduce que la elevada tasa de alcohol en la sangre del joven de 27 años al volante es producto de haber bebido alcohol después del accidente para animarse.

En el funeral del sargento muerto aparece el causante del homicidio por imprudencia para dar el pésame a la viuda y prometer ayuda económica a la familia.

Hasta aquí un accidente, uno más de los que ocurren cada día en Tailandia por exceso de velocidad y probablemente con una alta tasa de alcoholemia.

Las pueriles excusas del abogado, por cierto también es senador, no convencen a la opinión pública.

Los periódicos en inglés de Bangkok tratan la noticia en cinco columnas en la primera página. El joven conductor pertenece a una de las cuatro familias más ricas de la élite de Bangkok. Es director comercial de una marca de bebidas estimulantes a base de mucha cafeína y taurina, populares entre las clases trabajadoras del país. Su familia es la propietaria de dicha bebida de difusión mundial y tiene la concesión de los automóviles Ferrari para Tailandia.

Desde que un avispado hombre de negocios austríaco entro en la sociedad tailandesa es hoy la bebida estimulante líder de ventas en todo el mundo y cuya publicidad en forma de un equipo en la Formula 1 pasea el emblemático toro rojo por todo el mundo.

En un país en que el dinero es todopoderoso no se cree que el presunto culpable de la muerte del pobre sargento llegue a entrar en la cárcel. Solo en las redes sociales se ven peticiones para hacer el boycott al toro rojo. En las páginas económicas de los diarios se habla de esta posibilidad y de la posible caída temporal de ventas en Tailandia.

La noticia no parece haber aparecido en la prensa occidental y no la hemos visto en “La Vanguardia”. En Suecia en la Universidad de Upsala se están estudiando los peligrosos efectos de combinar la bebida estimulante con el alcohol como se hace en muchas discotecas europeas. Entretanto las pequeñas botellitas con el toro rojo se siguen vendiendo a miles y dando extraordinarios beneficios a sus afortunados propietarios. El padre del joven de 27 años se ha mostrado desolado por la terrible noticia, que dice ha dejado apesadumbradas a dos familias, la suya y la del policía muerto. Sin duda ésta quedará monetariamente muy bien compensada por el horrible accidente. Pero ningún capital podrá compensar la desaparición del sargento muerto en acto de servicio.

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