Tengo una idea

CARTA DESDE OAK RIDGE, TENNESSEE (EEUU)

Benjamín A. Carreras

Al iniciar un nuevo trabajo de investigación, lo mismo  que al empezar a escribir un libro o pintar un cuadro, uno necesita una idea. Una idea que permita empezar el rodaje. Luego al irse desarrollando el proyecto o el escrito, la idea se modifica, se reajusta y se transforma. Pero hace falta esa idea inicial que permite empezar la tarea.

La fase previa a tener la idea crea muchas veces bastante angustia.  Nadie mejor que Picaso pudo representar gráficamente esta sensación. En su cuadro que reproduzco aquí, el genial pintor malagueño representa su estudio con un lienzo en blanco en el centro. Esta claro que el lienzo en blanco se ve desde cualquier punto del estudio y es el centro focal que describe ese estadio emocional. Representa la presión que ejerce en el pintor la presencia de este lienzo en blanco. Siempre he tenido una copia de ese cuadro sobre mi mesa de trabajo, para que me haga compañía en esos momentos.

Mucho se ha escrito sobre el momento en que a uno se le ocurre una idea. El momento en que uno dice “Aha! Es obvio”. Desde la historia de Arquímedes en la bañera cuando se dio cuenta de como explicar el que unos cuerpos flotan en el agua o la famosa manzana de Newton. Pero poco se escribe de las horas de angustia previas a esos momentos. De las vueltas y vueltas a dar antes de encontrar la idea que te permite empezar el desarrollo de algo nuevo.

En general una nueva idea surge cuando vemos una conexión entre dos conceptos o hechos que hasta aquel momento parecían no tener ninguna relación. Según parece, la parte izquierda del cerebro trabaja con los conocimientos sólidos que tenemos, así para hacer cálculos o desarrollar teorías en base a nuestros conocimientos, estamos usando esa parte del cerebro. Cuando estamos trabajando con la parte izquierda del cerebro no conectamos hechos dispares y por tanto, no surgen nuevas ideas.

Por el contrario la misión de la parte derecha es establecer esas conexiones casuales entre hechos dispares. Claro que estas conexiones no llevan siempre a resultados positivos, simplemente enlazamos cosas que nada tienen que ver, soñamos y todos sabemos lo disparatados que pueden ser los sueños. Pero de vez en cuando puede surgir un momento de “Aha!”. Para ello hay que estar preparado y cazar al vuelo esa conexión, si no puede pasar como tantas cosas pasan.

El problema que tenemos en general es que cuando vamos a la búsqueda de ideas estamos forzando la parte izquierda a generar algo que no puede generar. Damos vueltas a lo que sabemos y tratamos de sacar algo de donde sabemos y cuanto más desesperados vamos a la búsqueda de la idea nueva, más forzamos esa parte del cerebro. La tensión de la búsqueda y la angustia que nos genera a veces es lo que impide relajarnos y dejar que la parte derecha del cerebro haga su papel. Por eso a veces las mejores ideas surgen en la ducha o cuando estamos medio dormidos. Pero claro no hay una formula mágica que nos diga como hacer eso.

Recientemente, Jonah Lehrer ha publicado un libro “Imagine: how creativity works” sobre el proceso creativo y con abundantes ejemplos, demasiado abundantes para mi gusto, de cómo nuevas ideas se han desarrollado. El libro es muy interesante e iluminativo. Va con bastante detalle en esa fase previa de tensión y angustia que precede el momento “Aha!”.

Lástima que hace un par de meses se ha demostrado que Lehrer desarrolló demasiada creatividad y algunas de las citas de Bob Dylan que aparecen en el libro fueron inventadas por el autor para que “encajaran” mejor dentro de la historia que contaba. Lehrer ha dimitido como escritor en el “New Yorker” a causa de todo eso. Pero a pesar de estos incidentes, el libro en sí es interesante.

El lienzo en blanco siempre nos reta. El temor que está siempre presente es si la última idea que uno ha tenido será la última. Pero también sabemos, que será seguro la última si no aceptamos su reto. Hay que seguir adelante.

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