¿Estamos seguros de que no ha llegado el fin del mundo?

CARTA DESDE OAK RIDGE, TENNESSEE (EEUU)

Benjamín A. Carreras

Se acabó el año 2012 y seguimos sin fin del mundo. En octubre del 2011 se suponía que acababa el mundo según el cálculo basado en la Biblia por Harold Camping, cristiano evangelista de EEUU con gran influencia en los medios de comunicación. El 21 de diciembre de 2012 también se suponía que se acaba el mundo según interpretaciones fantasiosas basadas en el calendario Maya. Pero ha llegado 2013 y seguimos aquí.

Pero, ¿estamos seguros de que no ha llegado el fin del mundo? Según la interpretación de algunos cristianos, la llegada del fin del mundo comienza con la subida al cielo de los justos mientras que el resto nos quedábamos aquí sufriendo tribulaciones.

Ilustración del inicio del Capítulo 13 del Apocalipsis por William Blake

A lo mejor los justos han subido al cielo y no nos hemos dado cuenta. Probablemente había muy pocos justos. Ya cuando Jesús dijo: “el que esté limpio de pecado que tire la primera piedra”, nadie tiró piedra alguna. Me imagino que si lo dijera ahora menos aun. Si hay algún justo está sufriendo en silencio su falta de trabajo y oculta la vergüenza que tiene de no poder dar de comer a su familia. Si estos hubieran subido al cielo, nadie prácticamente se habría enterado.

Es evidente que ninguno de los personajes que vemos diariamente en las páginas de los periódicos o en las televisiones habría ascendido a los cielos. De esa pretendida elite cada día aprendemos más de la corrupción existente y la absoluta falta de empatía por los que sufren. Estos seguro que no subían.

Por tanto, está claro que el día que los justos suban al cielo no nos vamos ni enterar y aquí seguiremos con la tribulaciones.

Entonces ¿que pasa pues con las tribulaciones? No creo que haga falta preguntar. Ciertamente el mundo ha entrado (o ya lleva años?) en un periodo de tribulaciones. Tribulaciones las tenemos y parece que seguirán aumentando.

No es ya el problema de unos terremotos o tsunamis que se suceden periódicamente en lugares bien definidos. Nos habla el Apocalipsis de Juan (11:13) de un terremoto que causará siete mil muertos. ¿Que es eso comparado con el terremoto en Haití hace dos años donde murieron 316.000 personas según las cuentas oficiales? y no voy a entrar aquí en más estadísticas de otras catástrofes.

Las tribulaciones más penosas son las que sufren la población en general que se ve abocada a una situación en donde se tendrá que pagar por la sanidad, la educación va a ser reducida, las jubilaciones están en duda, y el trabajo es escaso y con bajos sueldos.

Pero, claro aún no hemos visto a la Bestia. No, no me refiero a la señora Merkel. Me refiero a la Bestia cuya venida nos anuncia el Apocalipsis de Juan. No tenemos referencias de que haya aparecido. Pero ¿que podría hacer la Bestia entre tanto bestia que nos gobierna directa o indirectamente? Para la Bestia, la competencia es enorme, seguro que al ver lo que hay por ese mundo se ha dado la vuelta y se ha ido por donde venía. Además, si aparece la Bestia “con diez cuernos y siete cabezas … que parece un leopardo, con patas como de oso, y las fauces como las fauces de un león” (Apocalipsis 13:1), la gente se cree que es un anuncio de una película de Walt Disney y ni se inmutan. Las bestias que realmente nos espantan son de otro tipo.

Uno podría seguir identificando lo que nos anuncia el Apocalipsis de Juan y lo que está pasando. Ciertamente es tentador buscar a la célebre ramera en el mundo presente. Cuantas instituciones y personas son posibles candidatos! Pero este camino ya se ha seguido demasiadas veces en nuestra historia.

El asignar a la justicia de Dios todas las calamidades y tribulaciones que nos rodean es uno de los ejercicios favoritos de nuestros tele-evangelistas y otras estrellas de la religión. Siempre la acción viene de Dios por culpa de los pecados de unos pocos. Durante siglos los culpables favoritos eran los judíos, ahora son los homosexuales.

Pero todos sabemos que los culpables de las tribulaciones presentes son unos pocos con la colaboración de algunos más y la complicidad de una Justicia que es ciega a los delitos de los poderosos y persigue sin piedad al pequeño delincuente.

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