No renuncio a indignarme por lo trivial

CARTA DESDE OAK RIDGE, TENNESSEE (EEUU)

Benjamín A. Carreras

Cada día aparecen más razones para sentirse frustrado e indignado. Basta empezar la mañana leyendo la prensa, no importa el país en que uno esté y que prensa lea, para acabar indignado sobre algo. El movimiento 15-M ha tenido la capacidad de canalizar parte de esta indignación en promover cambios y dar cierta finalidad a lo que era pura emoción.

Es interesante ver que en este par de años han emergido personas con capacidad de liderar iniciativas y que estas iniciativas ya tienen impactos positivos. Este es el caso de los desahucios. Todo ese movimiento ha crecido a pesar de la inoperancia de los grandes partidos que no movieron un dedo para mejorar las condiciones de estas personas explotadas. Finalmente ha tenido que ser un tribunal europeo que de la razón a quienes pedían el cambio en la ley.

Los dos grandes partidos, ahora ya no tan grandes, parecen incapaces de regenerarse y salir adelante. El partido del gobierno sumido en problemas de corrupción no parece capaz de enfrentarse a los problemas internos y hacer limpieza. Por lo que uno lee en la prensa, parece que quienes son criticados solo saben responder a las críticas con sonoros silencios, mentirijillas, insultos y falaciosas insinuaciones. Eso aun aumenta más la sospecha de veracidad de las críticas y muestra la falta de capacidad de estos dirigentes. Ya comentaba Forges, en un artículo en serio, como el proceso político en España a llevado a la ascensión de los mediocres. Las respuestas de muchos dirigentes solo enfatizan su mediocridad.

El partido de la oposición ha perdido su rumbo y dirección. Sumido en discusiones internas no parece capaz de encontrar un nuevo rumbo. En 1992, el director de la campaña electoral de Bill Clinton, James Carville, puso un letrero en las oficinas de la campaña diciendo: “Es la economía, estúpido”, para que así nadie perdiera de vista el objetivo principal de la campaña. Aquí haría falta que alguien pusiera un cartel diciendo; “Es el país que se hunde, estúpido”.

La parte positiva de esa crisis que vivimos es la posibilidad de que crezca una nueva generación que se vea capaz de cambiar todo eso. La existencia de movimientos espontáneos que emergen en la política del país renuevan la esperanza en el futuro. En Italia donde el proceso de descomposición parece más adelantado, hemos visto surgir el Movimiento cinco estrellas y al Beppe Grillo. Aun es pronto para saber si será algo positivo para el país o todo lo contrario. No hay que olvidar que lideres como Hitler y Mussolini surgieron de crisis económicas y sociales graves. Ese es un peligro que hay cuando se crea un vacío político.

Al contemplar todo eso a la distancia, me encuentro yo en las montañas de Tennessee, rodeado de árboles, pájaros, ardillas y algún que otro ciervo, ¿que hago con mi indignación? Esa constante indignación sin poder darle una salida positiva es mala para la salud, así que he decidido de momento no indignarme por cosas importantes.

Además si uno está indignado corre el peligro de descargar la indignación con un pataleo trivial. Todos tenemos el derecho al pataleo, pero una vez lo ejercemos perdemos el derecho a tomar una acción efectiva. Por tanto, para las cosas realmente importantes prefiero reservarme para esa posible acción y mantenerme a la vez más saludable.

Sin embargo no renuncio a indignarme por lo trivial, eso ayuda a la circulación de la sangre. Así que de cuando en cuando encuentro algo relativamente banal que me permite indignarme sin afectar mi salud.

Eso me pasó el otro día leyendo La Vanguardia. Hablaba de un accidente en el que habían sido heridos “dos ancianos de 70 años”. Este año y según mi partida de nacimiento voy a cumplir los 70 años. No es que me lo crea, pero eso dice este documento, aunque espero que fuera un error de mi padre al registrar el nacimiento. En cualquier caso, al leer la noticia me indigné, ¿anciano? Dije yo. No reproduzco los juramentos que siguieron por prudencia.

¿A caso si la victima fuera una persona de cierto peso la noticia sería: la victima era un gordo de 120 kilos? Eso suena mal, en cambio lo de anciano ¿no suena también mal?
Debería hacerse un esfuerzo de eliminar estos adjetivos banales en los reportajes. Confío no tener ningún accidente de momento, pero en caso que sucediera espero que no me llamen anciano, prefiero que digan que el viejo gruñón ha estirado la pata.

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