Matrimonio C.D.D.

Carta desde Oak Ridge

Benjamín Carreras

Hace unos meses se publicó el  libro de Constanza Miriano  «Cásate y sé sumisa», cuya  perspectiva sobre el matrimonio  queda clara con solo leer el título.  Este libro generó mucha controversia y  fue defendido tanto por su autora como  por el obispo de Granada responsable  de su publicación.

A pesar de mi desacuerdo básico con  la autora, considero que ella es persona  libre de expresar sus opiniones, lo  mismo que el señor obispo, aunque él  debería ir con cuidado ya que sus opiniones  pueden atribuirse a la institución  que representa. Tampoco me sorprendió  el contenido del libro, yo vivo  gran parte del año en el sur profundo  de Estados Unidos, allí todo es posible.  Un ejemplo de opiniones de este tipo  que se pueden encontrar al otro lado  del Atlántico están en la página Web titulada  «Cristian domestic discipline» o  CDD. Allí no solo se defiende la sumisión  de la esposa sino que se añade que  el marido tiene la autoridad de azotar a  su esposa si así se requiere. Naturalmente  agregan que en un auténtico  matrimonio CDD eso solo sucede raramente.  No solo hacen esta afirmación,  sino que incluyen la foto que aparece  en esta página, copia de un antiguo  anuncio, para demostrar que eso era  totalmente aceptado por la sociedad.  Quienes defienden estas opiniones  sobre el papel de la mujer en el matrimonio  dicen que se basan en la Biblia,  concretamente citan epístolas de Pablo.  Según Constanza Miriano en una  declaraciones a la prensa quienes denunciaron  su perspectiva «deberán denunciar a San Pablo y retirar las Biblias». Aquí es donde tengo yo el mayor  problema.

Los estudios analíticos del Nuevo  Testamento clasifican las epístolas de  Pablo en dos grupos: las genuinas y las  deuteropaulinas. A estas últimas se les  da ese elegante nombre para no decir  directamente cartas falsificadas en el  nombre de Pablo. Da la casualidad que  las epístolas que se usan para defender  la sumisión de la mujer son las deuteropaulinas.

EN LAS EPÍSTOLAS GENUINAS, Pablo  defiende el celibato como la opción  óptima y reserva el matrimonio para  quienes no sean capaces de ser célibes.  Pero eso lo dice sin hablar de sumisión.  Al contrario, en su carta a los gálatas  dice explícitamente: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay  varón ni mujer; porque todos vosotros  sois uno en Cristo Jesús». (Galatas 3:28).  Para Pablo la segunda venida de Cristo  estaba próxima y no se podía perder  tiempo para cambiar la sociedad.

En tiempo de Pablo las diferentes comunidades  cristianas se gobernaban  por si mismas. En general un grupo de  ancianos presidían la comunidad. En  muchas de ellas las responsabilidades  caían en mujeres, como puede verse en  las epístolas paulinas genuinas que  mencionan y están dirigidas tanto a  hombres como mujeres.

En las epístolas deuteropaulinas, en  particular las cartas a Tito y a Timoteo,  el ambiente es distinto. Son del comienzo  del siglo segundo, ya se había  empezado a construir una estructura  jerárquica de la iglesia. Quienes escribieron  esas cartas pretendían formalizar,  usando el nombre de Pablo, esa estructura  dando normas generales y reforzando  la autoridad episcopal. En  ellas se percibe inmediatamente un  cambio de mentalidad en la forma de  enfocar el papel de la mujer en la sociedad.

CLARO QUE LOS CRISTIANOS conservadores  como los de CDD conociendo  estos puntos de vista, tienen una  respuesta inmediata: «Las mismas epístolas  dicen que están escritas por Pablo.  Como ellas son escritura canónica  que no puede mentir, la autoría debe  ser creída». Como se puede ver, el razonamiento  es impecable.

Es bueno aclararse. No es Pablo  quien inició esa visión del papel de la  mujer en el matrimonio, fueron autores  anónimos del comienzo del siglo  segundo que lo hicieron en su nombre.  Por tanto ni denuncio a Pablo ni retiro  las Biblias, pero a lo mejor deberían retirarse  de la Biblia las cartas que fueron  escritas usando un falso nombre.

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