Ada Lovelace

Benjamí Carreras
Hace unos días que tuve que ir a un edificio oficial para una gestión. Como ya es habitual, hay que pasar por el sistema de seguridad, lo que implica vaciar los bolsillos: monedero, teléfono, reloj de bolsillo… Al llegar al reloj noté que los guardias me miraron sonriendo y uno me dijo: «Hacía años que no veía uno de estos!».

Esta anécdota me hizo notar hasta que punto han cambiado las cosas en los últimos años. Todo es electrónico y digital. Es muy posible que en unos años reloj de agujas desaparezca y en unas generaciones si se dice que algo gira en la dirección de las agujas del reloj muchos no entenderán qué quiere decir. Pasará como me pasaba a mí de niño cuando mi abuela para decir que un remedio había ido muy bien decía: «Ha estat com oli a un llum». Yo había nacido en la edad de la luz eléctrica y lo de poner aceite a una lámpara no sabía de qué iba.

Estamos en la edad de los ordenadores y de la informática. En muy pocas décadas nuestras vidas han sido cambiadas por la electrónica, lo curioso es que ha habido personas que muchos años antes anticiparon y entendieron su potencial. Tal es el caso de Ada Lovelace, la hija de Lord Byron.

Ada Lovelace

Ada Lovelace

ESTE AÑO se cumple el segundo centenario del nacimiento de Ada Byron, que por su matrimonio se la conoce como Ada Lovelace. Lord Byron se casó con una matemática, Annabella Milbanke. Al poco de nacer Ada, su madre pidió la separación debido al nada ejemplar comportamiento de su marido. Él nunca llegó a conocer
a su hija.

Annabella puso todo su esfuerzo en educar a su hija en ciencias y matemáticas procurándola alejar de la poesía para que no cayera en los malos hábitos de su padre. Ada, una mujer extremadamente
inteligente, no solo se concentró en las matemáticas sino que mostrando un espíritu algo rebelde ensalzó el lado poético y estético de esta disciplina. Así que combinó las virtudes de sus dos progenitores.

De joven, Ada acudía a unas reuniones periódicas que organizaban un grupo de damas para discutir literatura y temas diversos y a las que se invitaba a algún estudioso para que presentara algún tema de interés. Así tuvo la ocasión de conocer a Charles Babbage, que fue a enseñarles su máquina de cálculo que había construido. Ada con solo 17 años captó enseguida la idea de la máquina y sobre todo se entusiasmó por la idea de la máquina analítica que Babbage proyectaba construir, una máquina que debería haber ido más allá de los calculadores mecánicos. Así empezó una relación de trabajo que duró años.

Babbage nunca llegó a construir su máquina analítica, pero dio una serie de charlas que se escribieron en francés y Ada posteriormente tradujo al inglés. Pero su trabajo no se limitó a una traducción. Ella incluyó una serie de publicaciones en forma de notas en que analizaba los aspectos matemáticos y desarrollaba sus ideas sobre el potencial de la máquina.

Ada no solo pensó que esas maquinas eran útiles para el manejo de números y resolución de ecuaciones. Ella concibió que podrían manejar lenguaje simbólico que permitiría dar instrucciones a la máquina. O sea que Ada inventó la programación y empezó a desarrollar algunos de sus elementos básicos.

Pero no solo pensaba que el lenguaje a usar fueran instrucciones de un posible programa, ella veía también la posibilidad de usar lenguaje musical y artístico dentro de su concepción poética de la ciencia.

Ada murió a los 36 años después de haber tenido tres hijos, a la misma edad que murió su padre. Es realmente asombroso que aquella joven tuviera la visión de lo que ahora constituye la esencia de los ordenadores cuando ella solo tuvo acceso a unas calculadoras mecánicas. Ada es todo un ejemplo que debería ser recordado y celebrado en su bicentenario.

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