Viva el progreso

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

El otro día, buscando información estadística, encontré unos datos compilados por Huberman y Minns sobre la evolución del promedio de horas de trabajo en diferentes países. Los datos se remontan a 1870 y muestran una reducción significativa en el numero de horas que dedicamos al trabajo. He reproducido aquí los datos para España.

Horas a la semana dedicadas al trabajo en España entre 1870 y el año 2000

Horas a la semana dedicadas al trabajo en España entre 1870 y el año 2000

Como se puede ver en el gráfico, el promedio de horas trabajadas a la semana ha pasado de 57 en 1870 a 35 en el año 2000. Una reducción de 22 horas a la semana. No está mal. Ciertamente puede ser una indicación de la mejora en la calidad de vida. A mi no me ha tocado ver los años más duros de trabajo, cuando yo era niño en Menorca la media ya había bajado a unas 40 horas.

En aquella época, final de los 40 y años 50, la media de horas de trabajo estaba en las 40 horas a la semana. Se trabajaba normalmente los sábados. Una mejora fue lo que se llamaba semana inglesa en que los sábados se trabajaba solo hasta las 2 de la tarde. El tiempo dedicado al ocio ya se había incrementado y había muchas oportunidades para ello.

Recuerdo que casi cada día antes de cenar la familia iba a dar pasear. Era casi una ceremonia, ya que el recorrido solía ser el mismo: la Explanada, el carrer de ses Moreres, la costa de sa Plaça,  el Carrer Nou, y S’Arravaleta.  Siempre encontrábamos gente conocida y mis padres se paraban para charlar un rato. De muy niño esto me aburría soberanamente ya que el recorrido con las paradas podía durar casi hora y media. Ya de mayor salía por mi cuenta con los amigos, pero el recorrido era esencialmente el mismo.

Había días especiales dedicados al teatro o a la música. Aparte de las obras de teatro en el Teatro Principal, de cuando en cuando había ópera o zarzuela, lo que era algo muy especial. También iba a los conciertos regulares del cuarteto de cuerda del Ateneo dirigido por el Sr. Cardona Mercadal, nuestro querido y admirado profesor de Ciencias en el Instituto, y en el que mi abuelo, Avelino Verdaguer, tocaba la viola.

Los fines de semana o los veranos en Son Rotger, cuando toda la familia se reunía con los abuelos, teníamos largas veladas que se pasaban hablando y contando historias. A mí me fascinaban las historias de la familia que se explicaban en aquellas veladas, algunas que no eran para los oídos de niños. Entonces había que disimular, fingir que jugaba entretenido. Si me veían escuchar ya se oía la voz de la abuela diciendo «hi ha roba estesa!». También se escuchaba música en un viejo gramófono al que había que darle cuerda, algo que me divertía hacer,  y con los antiguos discos de 45 revoluciones.

La guerra era un tópico común de las conversaciones en mis primeros años. Aún era algo reciente que había marcado a todos los que la sufrieron. Había historias tristes, pero también las había alegres. Lo que confirma que el hombre puede encontrar sus momentos de felicidad incluso en las situaciones más adversas.

Estos momento familiares los recuerdo con mucho cariño. Ahora al estar las familias dispersas ya no existe esa unidad familiar que caracterizaba aquella época. Ni parece que existan esos momentos de paz y tranquilidad que nos reunían a todos y en que se compartían esas historias de la vida.

¿En que se invierten ahora las horas de ocio? Por casualidad me he cruzado con otra estadística, la del promedio de horas que en cada país las personas pasan mirando la televisión. En España los datos del 2013 indican que en promedio las personas dedican 28 horas y media a la semana a mirar la televisión. Más que el tiempo ganando en el trabajo en lo 130 años.

¿Es ese el progreso? Ganar 22 horas de ocio y dedicar 28 a la llamada caja tonta.  Claro que la caja no es tonta, la caja nos hace tontos y el progreso ha sido pues dedicar más horas a volvernos más tontos. ¡Viva el progreso!

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