Las vacaciones

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

Estos días vaya a la Universidad que vaya en Madrid, la pregunta que siempre se me hace es: «¿Qué haces por aquí, no te has ido de vacaciones?», Mi respuesta es simple: «No, sigo aquí trabajando».
Algunos me miran con cara rara, otros sonríen como diciendo, estás sonado.

Hace años y en trabajos duros al exterior no había más solución que tomar vacaciones a finales de julio o agosto. Sino, no se podía hacer nada. Ahora estamos en otra era, con aire acondicionado en casas y despachos. Trabajando en estas condiciones tanto da el mes del año que sea. Siempre se está relativamente cómodo.

Además, para mi, mi trabajo es mi mejor descanso. Es interesante, es divertido y es apasionante.

En estas últimas semanas, Madrid se ha ido vaciando. Por las mañanas da gusto pasear por los parques y jardines de la ciudad, a estas horas la temperatura es buena y sin aglomeraciones. Por las tardes se puede estar en el despacho o en casa y trabajar.

El aire acondicionado hace que estés perfectamente.

Por otra parte la televisión y los periódicos nos muestran fotos de cómo están las playas y las carreteras del país, todo son aglomeraciones. Todo está lleno de gente. ¿Para que ir allí cuando aquí en Madrid se está bien? Pero la costumbre sigue y parece que es casi una obligación tomar vacaciones en agosto.

La situación ha empeorado en los últimos años en las Universidades.

Ahora casi todas la Universidades de España cierran al menos dos semanas en agosto, aparte de otras vacaciones durante el año. Esto es algo totalmente incomprensible desde la perspectiva de los que trabajamos en Estados Unidos. Allí el mes de agosto suele ser de gran actividad en tareas de investigación. No hay clases, la mayoría de estudiantes se han ido a sus casas y es cuando lo profesores pueden dedicarse al trabajo de investigación.

La Universidad no se puede concebir sin investigación, su misión es la de hacer y transmitir ciencia y no funciona la segunda sin la primera. Mal puede enseñar alguien ciencia si no la hace.

Pero eso no es la idea que tienen muchos de los gestores de la Universidad y de los políticos que sobre ella rigen.

En España, no existe aprecio a la investigación entre las élites dirigentes. Queda bien hablar y presumir de ello pero ni quieren ni saben que hacer para promoverla. En los últimos años se creó el título de «Centro de Excelencia Internacional», y con la política habitual del «café para todos» se ha otorgado ese título prácticamente a todas las Universidades españolas. Todas ellas lucen en sus carteles ese título pero nadie tiene ni idea de lo que implica ni que se hace nada para ganarlo.

En la práctica quienes rigen las universidades son los gerentes, no son los rectores. Los gerentes tratan de reducir gastos. Como para ellos la Universidad no es mas que una escuela profesional, cortan calefacción, luz, aire acondicionado cuando los estudiantes no están y cierran los edificios en las vacaciones escolares.

Imagínense una industria en que los dirigentes solo tuvieran la idea de reducir gastos sin mirar el impacto en la productividad.

El resultado seria obvio, cerrarían el negocio en dos días. En la Universidad española la productividad investigadora no se tiene en cuenta y así van las cosas. Ni se mide ni se ha hecho ningún esfuerzo en como medirla y por tanto mucho menos se recompensa.

Los esfuerzos solo se dirigen en preparar a los estudiantes, para que muchos de los mejor preparados vayan a trabajar en otro país.

Pero ¿qué se puede hacer? Los responsables de las mayores estupideces en educación e investigación en España, como el entrañable ministro Wert, son recompensados con puestos bien pagados y rentas vitalicias.

Gente preparada y competente no parece involucrarse en ello.

La historia sigue y como ya reconocía Cicerón: «Stultorum sunt plena omnia».

La Universidad no se puede concebir sin investigación, su misión es la de hacer y transmitir ciencia y no funciona la primera sin la segunda.

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