Tres meses de la cumbre de París

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

Ya han pasado tres meses de la cumbre del clima en París. Una reunión que acabó en un ambiente optimista por parte de los políticos participantes y en media sonrisa de los que lo contemplábamos. Sí, fue positiva la reunión, pero a muchos nos hubiera gustado que las medidas fueran un poco más estrictas de las que se decidieron.

En tres meses obviamente no podemos percibir consecuencias de las decisiones tomadas. Las consecuencias las iremos viendo a más largo plazo, pero si han habido noticias que impactan al proceso y es bueno mantenerlas en mente porque será necesario seguir presionando a los politicos para tener resultados que permitan reducir el tren de calentamiento que sufre el planeta.

Mapa de la NASA mostrando la distribución de los incrementos de temperatura

Mapa de la NASA mostrando la distribución de los incrementos de temperatura

Hace unas semanas varias agencias de EE.UU. y del Reino Unido dieron los resultados de las medidas de temperatura en el planeta durante el año 2015. Los resultados son preocupantes. El año pasado fue el año con temperaturas más altas desde que se tienen medidas, o sea desde la segunda mitad del siglo XIX. No solo esto, sino que el incremento de temperatura relativo a 2014 solo lo superó 1998. Por tanto no solo es la temperatura que sube, sino que también el ritmo de subida crece.

Se han hecho estudios de la temperatura del planeta en épocas anteriores a las que tenemos medidas directas y sistemáticas, o sea antes de 1980. Estos estudios están basados en estudiar las zonas más internas del hielo en las capas polares y los anillos en los árboles entre otros métodos. Los resultados muestran que el año 2015 ha sido el más caliente en al menos los últimos 4.000 años.

Todos esos hechos, ya que son hechos y no teorías, parece que deberían haber aumentado la preocupación en todos los que tienen responsabilidades políticas en el país. Parece que el sentido de responsabilidad debería dominar sobre luchas partidistas, pero no. Aquí en EE.UU. si acaso la cosa ha ido a peor.

Desde el mismo día en que acabó la cumbre del clima los ataques de los republicanos a los acuerdos firmados por Obama aumentaron. Ya antes de la cumbre de París el Congreso aprobó dos medidas destinadas a parar las regulaciones para limitar las emisiones de gases invernadero en EE.UU. El Senado aprobó ambas resoluciones. Tanto el Congreso como el Senado están controlados por los republicanos. Como explicó Ed Whitfield, republicano por Kentucky, esto era para enviar un mensaje a la cumbre de París que en América había muchas discrepancias con las políticas de Obama. Estas resoluciones del Congreso tenían poca importancia práctica ya que el presidente las vetó, pero dan una idea clara de la disposición de los republicanos.

Después de la cumbre, el presidente del Congreso Paul Ryan, muy próximo al Tea Party, ya indicó su oposición a las medidas anunciadas y sus declaraciones fuero apoyadas por muchos de los miembros de su partido. La lucha ha seguido desde entonces.

Ahora estamos en primarias para la candidatura presidencial. Los aspirantes a la candidatura republicana son el conjunto más extremo que se ha visto nunca. Los mismos miembros de la estructura del partido están confusos sobre qué hacer con estos candidatos y muchos no se atreven a apoyarlos. Evidentemente, todos ellos son contrarios a ninguna medida que restrinja la emisión de gases o mejore el medio ambiente. Pero no solo son contrarios sino que muestran una ignorancia supina.

En este sentido es interesante ver los resultados de un experimento que organizó la Associated Press. Esta agencia pidió a 8 científicos que calificaran de 1 a 100 por el nivel científico a los candidatos basándose en los tweets que estos iban mandando sobre el cambio climático. La serie de tweets que les pasaron al comité no llevaban el nombre de quienes lo mandaban. Todos los candidatos republicanos suspendieron. Algunos resultados son, por ejemplo: Donald Trump sacó un 15, Ben Carson 13 y Ted Cruz un 6. De ese último comentó Micheal Mann de Penn State University que su nivel era inferior a niño de guardería.

En conclusión, si no queremos  destruir el planeta hay que seguir presionando.

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