La mala reputación

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

Normalmente el escuchar las noticias me pone de mal humor. Hay tantos problemas en ese mundo y tan pocas soluciones que es desesperante estar sentado, escuchar lo que pasa y sin poder hacer nada. Pero las cosas cambiaron los últimos días. De pronto me he sorprendido a mí mismo riendo mientras miraba las noticias.

El espectáculo que han dado algunos políticos es más que una comedia, son situaciones que van más allá de lo imaginable y que ni a unos payasos profesionales se les hubiera ocurrido montar.

Claro, la risa te viene a corto plazo, ya que cuando piensas más allá de lo que está sucediendo y en las consecuencias para el país es para llorar.

Primero hemos tenido el asunto del master de la señora Cifuentes.

La sucesión de respuestas dadas tanto por ella como por la Universidad Rey Juan Carlos y por el PP ha sido un sainete. ¿Es que ni siquiera saben mentir? Se han contado las cosas más inverosímiles para quien tenga una mínima experiencia universitaria. ¡Qué historias más burdas!, ¡qué falsificación de documentos más pobre! Para ser el malo hay que ser inteligente y los miembros de ese grupo han demostrado su incapacidad total para representar ese papel.

Por su parte el PP ha respondido culpando a la Universidad y a los socialistas a quienes culpa de organizar el ataque contra Cifuentes. Los culpables no son los corruptos sino quienes lo destapan

Lo que va a pasar con esta historia es que probablemente se despedirá algún funcionario administrativo de la Universidad Rey Juan Carlos y los demás seguirán como siempre. Pero lo preocupante no es el desenlace para a señora Cifuentes, lo preocupante es el impacto negativo que eso tiene para las universidades españolas.

Como siempre cuando estas historias se propagan fuera de España la conclusión es que ya se sabe como son todos los españoles y sus universidades no merecen ninguna confianza. Años de trabajo de muchos para establecer una reputación de sus universidades se tiran por la ventana con historias como esas.

Ya dentro de España no se distingue muy bien cual es la universidad involucrada. Me ha pasado a mi. Más de una persona me ha dicho: que lío tenéis en vuestra universidad. Estas personas se creían que la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Carlos III eran la misma.

Tampoco los rectores han salido a la defensa de la universidad.

Salieron tarde y pasaron el problema a la fiscalía. No hubo defensa seria de la reputación de la universidad pública.

Luego hemos tenido la caza de Puigdemont. Otra aventura con sus aspectos cómicos. Parece que el “a por ellos” ha sido el aspecto dominante de la caza, sin pensar que yendo en plan duro con los rebeldes iban a perder la credibilidad. Primero fue una petición a Bruselas de entrega de Puigdemont a las autoridades españolas.

Esa orden, con mucha exageración de los delitos, la tuvieron que retirar al ver que la respuesta de Bruselas sería no. Luego vino una operación a lo James Bond para que los alemanes lo cazaran.

Parecía que el gobierno había conseguido lo que quería, pero de nuevo con una petición de entrega exagerando los hechos, consiguieron que la primera parte, la de rebelión, fuera inmediatamente rechazada por la justicia alemana.

Así que con este otro sainete se hace perder toda credibilidad a la llamada justicia española. Ya ha habido un larga trayectoria de incidentes judiciales relacionados con los delitos de corrupción.

En ellos se mostraba falta de voluntad en perseguir culpables por parte de algunos jueces. Ahora hay una pasión judicial por perseguir y encerrar a independentistas catalanes. En uno y otro caso creo que se han pasado la raya. Hay muchos jueces que seguro intentan hacer lo mejor posible su trabajo, pero basta con estas desafortunadas posiciones jurídicas para que todos los jueces españoles pierdan credibilidad frente el mundo.

Los defensores de la marca España no han demostrado ninguna habilidad y han conseguido cubrirnos de vergüenza a muchos de los que hemos de movernos a un nivel internacional.

 

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