Los ocultos prejuicios

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

Es corriente en este país oír insultos de todo tipo y falsas acusaciones entre políticos, en particular en periodos electorales. Han abundado las últimas semanas lo que no es una buen actitud en una sociedad que pretende ser democrática. Estamos tan acostumbrados a ello que casi no le damos importancia, aunque debiéramos.

En las últimas semanas hemos visto el caso de Alfredo Rubalcaba, que fue insultado frecuentemente siendo ministro y se le atribuyó toda clase de complots con ETA, siendo ahora reivindicado después de su muerte. Rubalcaba fue un hombre muy inteligente y capaz, demostró en el Parlamento sus dotes de político, pero nada de eso se le reconoció públicamente en vida. Lo mismo ocurrió con Adolfo Suarez y da la impresión que irá sucediendo con los que son más competentes en su labor política. En este país parece que para reconocer los méritos de alguien hay que matarlo primero.

Manuela Carmena y Ada Colau

En algunos casos, las reacciones a ciertos políticos muestra que existe un odio visceral que es difícil de entender. Este es el caso que he notado con cierta frecuencia con respecto a dos personas Ada Colau y Manuela Carmena. Cuando oyes como hablan de ellas algunas personas, no necesariamente políticos, notas ese odio visceral que me resulta incomprensible.

Este es el caso de dos personas que se han entregado a mejorar la vida de los ciudadanos en Barcelona y Madrid, que lo han hecho con energía y honestidad. Puede que hayan cometido algún error, pero ¿quién no los comete?

En Madrid hemos tenido un montón de políticos involucrados en multiples actos de corrupción. Eso no es una hipótesis ya que han pasado por varios juicios y han terminado en la cárcel. Sabemos que estos personajes han estafado millones de euros de los ciudadanos. Pero a pesar de las historias de corrupción que ahora conocemos, no he visto reacciones de odio hacia ellos como las que he observado en el caso de las dos alcaldesas.

Hay otro caso en Estados Unidos que tiene cierto parecido con el caso de las alcaldesas, es el caso de Obama. Con él podemos ver la reacción visceral de quienes creen que los afro-americanos son una raza inferior que desprecian. Esta actitud esta muy presente en un fracción significativa de la población principalmente en los estados del sur. ¿Cómo un negro puede ser presidente? Esta era el sentimiento de muchos. A Obama se le acusaba de no ser americano y de ser musulmán. No había ninguna base para pensar así, pero ese odio interno en muchos alimentaba esas falsas acusaciones que no han parado ni al dejar de ser presidente.

Una cosa en común de las dos alcaldesas y Obama es su preocupación por la parte de la ciudadania con más problemas y el intentar resolverlos. También son personas competentes que hacen un buen trabajo y no se dejan manipular. Eso no gusta a los sectores poderosos de la sociedad y realmente. Pero claro, no se les puede criticar directamente por eso. Tienen que buscar odios enterrados y fomentarlos contra ellos. En el caso de Obama era fácil, su color era el arma en contra suya.

Hemos visto poco antes de las elecciones del 26 de Mayo como Ada Colau recibía el apoyo de numerosas personalidades de fuera de España. Es difícil por un alcalde en España hacerse notar más allá de las fronteras pero ese ha sido el caso de Ada Colau.

¿Cual puede ser la causa de este odio que despiertan esas personas? Recuerdo cuando era joven y vivía en Mahón que algo así también pasaba con Maria Luisa Serra. Una gran mujer que llegó a demostrar su preeminencia intelectual en un momento en que las mujeres estaban condenadas a ser solo amas de casa. No caía bien que una mujer en aquel ambiente se mostrara muy por encima de muchos de sus colegas masculinos. Curiosamente parecía que mujeres eran mucho más negativas con ella.

Yo no se si aun quedan resquicios machistas de este tipo y son los que se encienden cuando una mujer muestra ser competente e inteligente. Siempre se acepta el justificar que una mujer llegue a un nivel alto por que «es mona», pero cuesta aceptar que sea por ser inteligente. Tenemos que acabar de una vez con esos prejuicios.

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