¿Quiénes son los culpables?

Benjamí Carreras
Oak Ridge (EEUU)

¿A quién culpamos de la compleja situación del Open Arms? Por como van evolucionando las cosas, al final culparemos a la ONG.

Así empezó el Sr. Salvini, con su brutalidad y arrogancia acostumbrada atacó al «Open Armas» por tráfico de personas. Es triste pensar que con esa actitud que tiene piensa ganar más votos y probablemente tenga razón.

Mientras la vicepresidenta española iba mareando la perdiz durante días sin hacer nada y diciendo lo que los otros tenían que hacer.

El barco de la ONG Open Arms

Lo mismo que ha hecho con sus declaraciones sobre la negociaciones con Podemos. No sé si cree que con esa actitud va a ganar también votos, pero en este caso lo dudo mucho. Espero que no se premie tan elevado nivel de incompetencia.

Durante estas semanas el escuchar a la vicepresidenta hablar cada día en las noticias me provocaba náuseas. En una de sus últimas declaraciones para mi fue más allá de las náuseas lo que me provocó. Según ella se podría multar con casi un millón de euros a los del Open Arms por no tener permiso para rescates.

Ya salió la típica excusa hispánica, hay que tener un papelito firmado primero incluso para salvar vidas.

Su declaración me despertó unos recuerdos del pasado. Cuando era yo niño y estaba en casa de mi abuela Paula me gustaba leer el «Flors santorum» que tenía siempre sobre el escritorio de la salita. Así que fui leyendo las vidas de muchos santos. Después de tantos años me han quedado en la mente algunas historias, pero muchos detalles y nombres se han ido borrando. Curiosamente, cuando escuchaba a la vicepresidenta, una de estas historias emergió en mi cabeza.

Uno de los santos cuya vida estuve leyendo y de cuyo nombre no puedo acordarme, iba un día por la calle cuando un obrero se cayó de un andamio. El santo hizo una invocación, paró al obrero en su caída y lo dejó en el aire. Entonces, se fue corriendo a ver al obispo y pedirle permiso para salvar la vida de este hombre. El obispo se lo dio y él volvió a donde estaba el hombre y lo bajó al suelo despacio, así le salvó la vida. Qué gran ejemplo de lo que la vicepresidenta quiere. Primero hay que pedir el permiso y después actuar. Así si vemos una persona ahogándose en el mar, hay que ir primero corriendo a una oficina del gobierno, sacarnos el correspondiente permiso de rescate y después podemos sacarle del mar salvarle la vida y a la vez evitamos una multa.

Durante el mismo periodo en que la vicepresidenta nos contaba estas historias, la Unión Europea que debería hacerse responsable de las víctimas del Mediterráneo, ha estado echando balones fuera en todo este asunto. Parece que la solución que ven al problema de la emigración y que no dicen es que sigan muriendo personas en el mar. Así habrá menos inmigrantes y menos decisiones a tomar.

También han estado aumentando los insultos y ataques a la ONG en las redes. Es curioso que muchos de estos ataques vienen de grupos que se consideran fervientes cristianos. El mismo Salvini definió así su postura: «soy católico pero no soy tonto».

Italia ha decidido inmovilizar el barco «Open Arms» por «graves anomalías de seguridad». Estas anomalías las describen como deficiencias en materia de seguridad de la navegación, respeto al medio ambiente marino, adiestramiento y familiarización de la tripulación con los procedimientos de emergencia previstos a bordo.

Por si no fuera poco, Vox la ha presentado una denuncia contra Open Arms. La acusa de favorecer la inmigración ilegal y de presuntos delitos de infracción de la Ley Marítima y colaboración con organización criminal para el tráfico de personas. Vox exige la detención del capitán, Óscar Camps, y solicita que el buque sea inmovilizado cuando llegue a España e incautado.

Es posible que los del Open Arms cometieran alguna irregularidad en orden de salvar vidas y que por ello sean declarados culpables.

A los que desde su legalidad jugaron con esas vidas y las pusieron en riesgo por intereses políticos, esos nunca serán declarados culpables de nada.

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